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Estoy cansado 
Hay un cansancio que no se cura durmiendo. Es el cansancio de pelear todos los días contra una realidad que siempre parece más grande que vos. Cuando me dijeron "esclerosis múltiple", pensé que el mayor miedo iba a ser terminar en una silla de ruedas. Qué ingenuo fui. Nadie te prepara para las pequeñas derrotas. Para levantarte una mañana y sentir que el cuerpo pesa el doble. Para preguntarte si ese dolor en la espalda va a durar una hora o tres semanas. Para descubrir que el cansancio deja de ser cansancio y se convierte en una pared invisible contra la que chocás todos los días. Hay momentos en los que siento que mi propio cerebro tarda en encontrar las palabras. Como si una parte de mí supiera exactamente lo que quiere decir y otra parte llegara unos segundos más tarde. A veces olvido cosas simples. Otras veces me cuesta concentrarme en una conversación. Y lo peor no es que pase. Lo peor es el miedo constante de que vuelva a pasar. 

La gente suele decir: "¿Por qué no hacés una changa? Algo siempre aparece." Daría cualquier cosa por poder salir a trabajar doce horas seguidas si eso significara volver a sentir que puedo sostener a mi familia. Pero hay días en los que caminar unas cuadras duele. Hay días en los que el cuerpo simplemente dice basta. Hay días en los que el dolor, el agotamiento y la cabeza nublada hacen que hasta levantarse de la cama parezca un trabajo de tiempo completo.Lo más cruel es que la enfermedad no reemplaza los problemas anteriores. Los acumula. Las cuentas siguen llegando. Las deudas no preguntan cómo amaneciste. Los vencimientos no esperan a que el dolor afloje. Y los medicamentos que podrían ayudar a sobrellevar algunos síntomas muchas veces se convierten en otro número imposible de pagar. Entonces empezás a negociar con vos mismo. Hoy compro comida. El remedio puede esperar. Después esperás un poco más. Y un poco más. 

Hasta que un día te das cuenta de que ya no estás eligiendo entre dos gastos. Estás eligiendo entre dos necesidades. Y ninguna debería ser una elección. Y hay algo que me da vergüenza admitir: el hambre cambia la manera en que pensás. Cuando pasan los días y empezás a calcular si podés aguantar hasta mañana con un café y agua, la cabeza deja de funcionar igual. Todo se vuelve más oscuro. No pensás en proyectos, ni en sueños, ni en el futuro. Pensás en cómo llegar a la noche sin sentir el estómago vacío y sin que tus hijos se den cuenta de que vos no comiste. Escuché toda la vida que la plata no hace la felicidad. Pero también es verdad que la falta de plata puede convertir la vida en un lugar insoportable. Porque cuando no podés pagar la comida, los remedios o una deuda de 25K que crece mientras dormís, el problema deja de ser económico. 
Se convierte en miedo, en vergüenza y en culpa. Nadie está obligado a salvar a nadie. Nadie tiene la responsabilidad de solucionar la vida de otro. Pero también aprendí demasiado tarde que, a veces, una ayuda económica no es caridad. Es tiempo. Es una semana más para seguir peleando. Es poder dormir una noche sin sentir que todo se termina. Es recuperar un poco de claridad cuando el miedo deja de ocupar cada rincón de la cabeza. Hay personas que no necesitan millones. Necesitan un puente. Un poco de aire. Una oportunidad para volver a levantarse. 

Lo más duro de tocar fondo no es quedarse sin plata. Es empezar a sentir que tu vida vale exactamente lo mismo que el saldo de tu cuenta bancaria. Sabés que no es verdad, pero cuando las deudas ocupan todos los días, cuando el teléfono suena por cobranzas, cuando hace dos días que no comés y cuando ya no podés comprar los remedios que necesitás, la cabeza deja de pensar como piensa una persona tranquila. Empieza a pensar como piensa alguien que siente que no tiene salida.

No escribo esto para que alguien sienta lástima. La lástima no cambia nada. Lo escribo porque quizás algún día alguien escuche a una persona decir “ando medio complicado” y, en vez de responder con un “ya va a pasar”, se siente al lado y pregunte:“¿Qué significa complicado?” 

Capaz descubra que esa persona no necesita discursos. No necesita frases motivacionales. No necesita que le digan que piense en positivo. Necesita dejar de cargar sola un peso que hace demasiado tiempo viene sosteniendo. Porque hay personas que no hacen ruido cuando se están rompiendo.Y, a veces, el silencio no significa que todo esté bien. Significa que hace demasiado tiempo aprendieron a sufrir sin molestar. 

Quiero pedirle disculpas públicas a las personas que me han ayudado en su momento y no he podido pagarles. Muchas fueron conocidas por este lugar, pero por fuera. Toda mi vida pagué mis deudas, siempre. Pero esta vez, no puedo. No me da más el cuerpo. 

Cuiden a la gente que aprecian, pregunten qué les pasa y si pueden, siempre ayuden. Aunque sea poco, para alguien en situaciones como la mía, puede ser enorme. 

Mi usuario es SoyPubli pero quien les dice Adios se llama Andrés! Ojalá exista algo más allá. 

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