ID: Seremos... mi historia:
Esa noche decidí caminar hasta el río. Eran las once en punto y la luna apenas se reflejaba en el agua quieta. No había viento, ni grillos, solo el sonido suave del cauce. Me senté en la orilla, buscando un poco de calma después de un día largo. De pronto, escuché una risa. Era una risa infantil, suave, juguetona… pero solitaria. Miré alrededor: nadie. El eco venía desde el otro lado del río. Entre los juncos, vi una silueta pequeña. Un niño. Jugaba con algo, parecía una pelota. Le grité, preguntando si estaba solo. No respondió. La pelota rodó hacia el agua, y él corrió tras ella. Pero en lugar de mojarse… desapareció. Me quedé helado. Me acerqué despacio y vi la pelota flotando hacia mí. Cuando la tomé, estaba fría, empapada… y con un nombre escrito: “Tomás, 2003–2011.”El río volvió a sonar. Y desde el fondo, entre las ondas, juraría haber escuchado de nuevo esa risa. Desde entonces, cada noche a las 23, alguien deja una pelota en la orilla.
ID: Seremos...
ID: Seremos... mi historia:
Esa noche nos quedamos varados en medio del monte. El auto se apagó de golpe, como si algo hubiera drenado toda la energía. No había señal, ni luces, solo oscuridad y el zumbido constante de los insectos. Decidimos esperar hasta el amanecer, pero cerca de las tres de la mañana algo cambió. El aire se volvió pesado, como si el monte contuviera la respiración. Entonces los vimos. Entre los árboles, a unos veinte metros, se movían figuras humanas… o casi humanas. Caminaban despacio, sin hacer ruido, y de sus cuerpos salía un brillo tenue, verdoso, como si la piel les emanara luz. No tenían rostro definido, solo sombras luminosas que parecían observarnos. Uno de ellos se acercó tanto que el reflejo iluminó el capó del auto. Pude ver su silueta: delgada, alargada, los brazos casi hasta las rodillas. Mis amigos no decían una palabra. El motor del auto se encendió solo. Las luces parpadearon, y cuando miramos de nuevo, ya no estaban. Solo el monte, en silencio absoluto. Desde entonces, cuando paso por ese camino, el GPS siempre marca un punto que no existe en el mapa.
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