Es la noche antes de Navidad, que yo y mi hermana, Sofía, decidimos hacer algo que siempre nos había tentado: abrir los regalos.
Apenas entreabrimos la puerta del salón, nuestra madre nos descubrió. Vio el desorden de papeles de regalo rotos bajo el árbol.
Mamá se enojó muchísimo y pensó que habíamos sido nosotros. Dijo que dejaría todo a la zar borazt y que se había arruinado la sorpresa.
Fue una noche muy depavoreante.
Pero, de repente, Mamá vio al verdadero culpable: nuestro gato, Ramón, que estaba jugando con las envolturas.
Mamá se calmó porque se dio cuenta de que no fuimos nosotros quienes abrimos los regalos, sino nuestro gato Ramón. El susto fue grande, pero al final la Navidad se salvó.